Folio primero.
Si a mí no se me hubiera ocurrido escribir esta historia del contable, de Urbano nadie habría dicho nunca una palabra, ni se hubiera sabido cosa alguna de su vida, porque Urbano siempre pasó desapercibido. Urbano era gente anónima hasta cuando estaba él solo. Urbano era: “el no ser”.
Nunca dijo una palabra que pudiera ayudar a clasificarlo de otro modo, en algún colectivo más o menos político, más o menos deportivo. No se supo, en toda su vida, si era de derechas o era de izquierdas. No se supo si era del Madrid o del Barcelona. Si estaba a favor o en contra del aborto. Si prefería huevo frito o tortilla francesa. De Urbano solo se podía afirmar una cosa, era contable.
Sin embargo Urbano era algo más que todo esto. Urbano era, en su tiempo libre, lejos de miradas curiosas, en su otra vida, un infalible investigador, un detective implacable. Ni Agatha Christie se lo hubiera imaginado para sus novelas. Urbano había conseguido averiguar lo que todo el pueblo se preguntó durante años. Urbano había encontrado la respuesta a aquella pregunta que su madre no quería responder y que aparecía en todas las charlas y tertulias. La pregunta que sonaba en cada una de las cocinas, en cada sobremesa, incluso muchos años después de su nacimiento. ¿Quién era el padre de Urbano?
Solo él sabía quién era su padre.
Desde muy pequeñito había querido saber porque su padre no aparecía por ningún sitio. Jamás pudo volver a casa, desde la escuela, de la mano de su padre. Jamás pudo amenazar a nadie como otros niños lo hacían, “se lo voy a decir a mi padre”. Jamás le dijo el maestro: “Dile a tu padre que venga a estar conmigo”, aunque esto último parecía más bien una ventaja. El padre de Urbano fue durante mucho tiempo como los reyes magos, todo el mundo habla de ellos, dejan huellas y “regalitos”, pero nadie los ha visto. Por eso cuando Urbano cumplió los ocho años ya había decidido descubrir, como fuera, quién era su padre. Nunca lo dijo a nadie, ni siquiera a Marina, su madre, pero todo su tiempo libre lo pasaba investigando, preguntando a todo el mundo cosas que parecían insustanciales, infantiles, pero que obedecían a un plan preconcebido en su, todavía tierna, cabecita.
La señora Perpetua fue para Urbano la abuela que nunca tuvo, por parte de padre, se entiende, y su maestra en el arte de enterarse y saber de todo. La señora Perpetua decía que Urbano siempre tenía la cabeza en otro sitio. Fue la única que notó que Urbano no era tan simple como al resto del pueblo le parecía. Urbano tenía una misión, el resto solo eran apariencias.
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EL DICCIONARIO
Yo podría escribir algo que dijera lo siguiente:
El diccionario. Así le voy a llamar a este escrito, porque las cosas cambian, los conceptos evolucionan, las palabras se adaptan a los tiempos, pero en el diccionario viene bien clarito el significado de cada una, y yo hoy quiero llamar a las cosas por su nombre. Por eso voy a deslizar aquí tres conceptos.
1-Robar: Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea.
2- Estafar: Cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio.
3-Usurear: Ganar o adquirir con utilidad, provecho y aumento, señaladamente si es con exceso.
Sí, ya sé que es navidad, tiempo de perdón y buenos sentimientos. Así está instituido para el rebaño de burros que somos, tiempo de recordar que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros (bien le habrá pesado) para iluminar con su luz nuestras tinieblas. Lo que pasa es que hoy, lo de la luz, son otros los que lo llevan, que ahora ya no la regalan como la regalaba el hijo de Dios. Ahora te la cobran y bien cobrada. Además es ahora en navidad cuando adornamos nuestras calles con millones de lucecitas, pero no tengo noticias de que las empresas suministradoras tengan intención de regalar ni un voltio, a nadie. Es su luz, ellos la producen, ellos la suministran y ellos la cobran. Me parece correcto. También me parece correcto que las aseguradoras cobren puntualmente sus recibos, sus seguros de vida, de muerte, de accidente, de catarro, de tropezón, de lo que sea. Es su trabajo y ha de pagarse. También las empresas de telefonía y comunicación tienen derecho a su trozo de pastel. Sí señor. Y los bancos, como no. La banca, que tanto ayuda a aquellos que necesitan un préstamo, que tanto han colaborado al progreso, que tanta obra social promueve para ayuda de los necesitados, para echarle una mano a esos niños(los de lejos, a los de cerca los deja en la calle embargándole el piso a sus padres) con maravillosas, solidarias y tiernas fundaciones que hacen que me den ganas de parar un poquito para reflexionar y llorar a mis anchas por tanta bondad. Todo me parece correcto. A cada uno lo suyo.
A pesar de todo esto, yo, que como ya dije una vez no tengo otro Dios que mi madre, aún estando en navidad, me voy a cagar en la suya, la de los arriba mentados. Por ladrones los unos, estafadores los otros y usureros los que todos sabemos.
Porque cobrarme por el recibo de la luz, agua, gas, o lo que sea, por estimación, más de lo que he gastado, es robarme (concepto nº1). Han metido mano en mi cuenta para coger un dinero que no les debo. Si eso no es lucrarse utilizando como medio el abuso de confianza (concepto nº2), que me lo expliquen. Porque para que me facturen correctamente yo tengo que llamarles personalmente, cada mes, para hacérselo saber y además de pagar hacer su trabajo. Sin embargo, ellos pueden hacerlo. Es la ley. ¿Yo no puedo retrasarme en el pago y dejarlo para otro mes en esa misma confianza?
Porque mandarme a casa una póliza con las letras microscópicas, para que no pueda leerlas, porque esa, y no otra, es la intención de unas letras tan pequeñas, es muestra de mala fe, de engaño, de vileza y bellaquería. Porque utilizar una línea telefónica 902 para todas mis consultas y aleccionar a sus telefonistas, o contratar imbéciles, para que se alarguen en el tiempo las conversaciones, que son casi siempre para emergencias, porque yo no llamo a la señorita esa estúpida del seguro para pasar el rato, es cosa de malnacidos. Porque dejarme en espera mientras gestionan mi incidencia (que no ha sido una incidencia, ha sido que mi casa se la han comido las llamas, o que mi coche no quiere funcionar, o lo tengo con las ruedas hacia arriba) y mientras la gestionan yo pago la línea, y después se me corta, y vuelvo a llamar pero ya no es la misma señorita, no señor, hay que contárselo todo de nuevo –le atiende Mary Pili ¿en qué puedo ayudarle?- Pues mira, Mary Pili, puedes ayudarme si le das una manta de hostias a tu inepta compañera que me ha colgado. Bien, de acuerdo, esto no es robar, ni estafar, ni usurear, esto es otro concepto, es tocarme los cojones.
Porque mandar una tarjeta bancaria, que nadie ha solicitado, a una persona de setenta y cuatro años, que vive en un pueblo a treinta quilómetros del banquerito querido, y que si no la quiere tiene que comunicarlo porque si no lo comunica se da por hecho que está deseando la tarjetita, que no sabe dónde llamar, ni ve casi los números del teléfono, ni tiene coche para hacerlo en persona, y todo esto porque se firmó un contrato que nadie ha visto pero que la banca aplica y tiene, donde se establece todo tipo de contubernios miserables para que ellos se vayan de rositas y se tenga por normal lo que siempre fue digno de truhanes,( que según el diccionario son personas sin vergüenza que viven de engaños y estafas) pues tampoco me parece bien. No señor. Cualquier día deciden lucrarse mandando lavadoras sin previo aviso, y si no la quieres, tienes que irte con el artefacto y devolverlo, o lo pagas, por no haber avisado. Tampoco me gustan esos intereses y comisiones de avaro. Si te quedas en descubierto te cobran. Si sube ese índice que a ellos les interesa te cobran, y si no interesa se aplica y cobra el del mes pasado, pero nunca jamás de los jamases las cuentas salen a tu favor. Nunca. Usureros miserables (Conceptos 1,2 y 3) Pero ellos pueden hacerlo. Es la ley.
¿Qué extraña enfermedad azota las oficinas de las empresas de telefonía, qué sustancia u organismo ponzoñoso infecta el aire que en ellas se respira para que todas, y todos, sus tele-operadores se hayan vuelto totalmente memos? ¿Por qué no entienden que solo quiero darme de baja? ¿Es que cobran por entretenerme agarrado al teléfono? ¿Por qué me llaman una y otra vez para ofrecerme otro producto, otra forma distinta de robarme? ¿Por qué me llamas? ¿Es que me conoces de algo? Déjame en paz. No me llames. Que no quiero ser tu amigo. Que no me importa esa fabulosa oferta de tu mierda de compañía. Que, si te aburres, no molestes. Que si te tuviera aquí cerca, en lugar de en esa covacha de ladrones en la que te ganas la vida, te ibas a tragar el telefonito. Que no jodas más, hombre. Lo normal sería que nadie te molestara con llamadas a menos que tú lo quisieras, pero seguramente para que esto sea así, tendrás que apuntarte en alguna lista especial (que no conozco) y si no estás en esa lista, ellos pueden molestarte a sus anchas. El mundo al revés. Todo el mundo a sacarse las muelas del juicio. Y te las vamos a sacar. Porque como no has dicho que no, es que sí.
Es imposible defenderse de los abusos de estas “corporaciones del ansia”, es imposible que no intenten siempre apoderarse de tus escasos dineros con tretas, artimañas y componendas “legales”. Es imposible porque es la ley quien lo permite. Y esto es así porque quienes hacen y aplican las leyes, que deberían defender nuestros intereses, se alimentan en los pesebres que estas corporaciones colocan en su corral y, allí, engordan, aprenden, cambian, evolucionan conceptos y redefinen palabras.
Pero en el diccionario sigue viniendo bien clarito el significado. Ladrones. Estafadores. Usureros. Robar. Estafar. Usurear. Pero que bien claro.
Pero no lo voy a hacer, no lo voy a escribir. Estamos en navidad.
Haya salud y suerte.
EL OSO LAMETONES. (obsequio navideño)
No sé cuantos sois los que me leéis asiduamente, pero supongo que, como Doc, algo de lobo tendréis. Yo quiero desde aquí, desde la libreta eléctrica, imbuido por este ambiente navideño, olvidarme de las ovejas y regalaros un cuento que escribí una vez para una personita a la que quiero, también cuando no es navidad. Es el cuento del Oso Lametones. Un cuento infantil escrito para los mayores, porque lo que se cuenta aquí, los niños no lo han olvidado.
Érase una vez, allá en la lejana sierra, un oso viejo y amable al que todos sus vecinos le llamaban Lametones. Se había ganado ese nombre por su exceso de cariño, por lamer a todo aquel que en su camino encontraba, queriéndole así mostrar cuanto afecto le tenía, a todas las criaturas, aquel oso tan amable. Afición tan excesiva conseguía que sus vecinos intentaran no toparse, con demasiada frecuencia, con el viejo Lametones, porque, sin mediar palabra, mostraba su cariño lamiendo de arriba abajo a quien tuviera delante. Era esta la razón por la que, las más de las veces, andaba sin compañía, dormitando bajo un roble, disfrutando largas siestas que nadie le interrumpía.
No muy lejos de aquel roble donde dormía Lametones, andaba un joven conejo corriendo arriba y abajo, buscando entre la maleza alguna ganancia o fruto que llevarse a la barriga. Tan alegre y distraído no se dio cuenta el conejo de que metía la cabeza en un traicionero lazo, que es trampa y bellaquería que solo al hombre interesa. Con gran desesperación y por sacar la cabeza hizo más de mil intentos, pero tan grandes orejas hacían inútil su esfuerzo y acabaron por dejarlo exhausto y casi sin fuerzas. Llorando su desgracia estaba cuando llegó hasta él la raposa que, viendo su situación, hizo por ayudarlo. Intentó morder el cable con sus afilados dientes, pero el cable no cedía por más que ella lo intentaba. Pasó entonces la cigüeña y quiso librar al joven dando golpes con su pico, que es muy fuerte y afilado, pero tampoco hubo forma de que se rompiera el lazo. Llegó también una cabra que tirando con sus cuernos tampoco pudo salvarlo. De todas partes del bosque iban llegando vecinos, cada cual como podía intentaba liberarlo, pero el lazo no cedía y ya ninguno sabía cómo librar al conejo de tan grave situación.
Se despertó Lametones oyendo aquel alboroto que sus vecinos traían y allá se fue monte abajo en busca de las razones de tan extraña reunión. Así que llegó al lugar, ya todos le iban contando la angustiosa situación, haciéndole mil preguntas sobre cómo podría él librar al pobre conejo.
-Pobrecita criatura- Le dijo al joven conejo mientras, fiel a su costumbre, le lamía todo el cuerpo. Estando el conejo preso pudo el oso lamerlo todo cuanto quería.- Pobrecita criatura- Lametones repetía.
Así, de tanto lamer, quedó el conejo empapado y, de puro resbaladizo, se escurrió del prieto lazo. Desde entonces, y hasta hoy, fue Lametones un héroe al que ya nadie esquivaba, porque a todos hizo ver que, en la más cruel situación, es bálsamo y salvación que quien te quiere te lama.
Haya salud y suerte, majos.
UN PASEITO
UN PASEITO
Definitivamente lo mío no es un blog. Hoy me he dado un paseíto por el mundo este de los blogs. Los hay estupendos a la vista, muy adornaditos y con grandes alardes en decoración. Hay otros muy interesantes en su contenido, También los hay que aúnan las dos características. Los hay sofisticadísimos y muy completos, con ventanas emergentes, divergentes y convergentes, enlaces, contra enlaces, sugerencias, etiquetas, secciones, apartados, pensamientos, preferencias y un largo etcétera de posibilidades. Salté de unos a otros casi sin darme cuenta, y el abanico era interminable. Un mundo, hijos. Todo un mundo de personas con buenas ideas, con cosas que contar, con amplitud de miras, con buenos deseos y una actitud positiva en este caos. Sin embargo esto no cambia. ¿Dónde va a parar todo este buen hacer? Supongo que la gente inteligente no se mete en política, por eso siempre estamos gobernados por estúpidos (algún palo había que dar).
Lo que empecé como un paseíto acabó siendo una media maratón. Por eso, cuando volví a mi chambombo, tan pobre y falto de adornos, casi que me sentí relajado, cómodo, en casa.
Admiro todo eso que son capaces de hacer otros. Yo soy incapaz de confeccionar una simple lista de blogs preferidos, incapaz de utilizar cualquiera de las herramientas que este mundo pone a mí disposición. Supongo que por eso me gusta tanto mi destartalada y espartana libreta eléctrica, porque la naturaleza da a cada cual aquello para lo que está preparado. Sería horrible que yo quisiera tener un blog como Dios manda, un horrible sufrimiento, no para otros, para mí mismo. Lo mío no es un blog, es una sencilla libreta eléctrica. Si con ella consigo alegrarle la vida a algunos, y amargársela a otros, será bastante. Gracias por leerla y haya salud y suerte.
NAVIDAD. OTRA VEZ
Aquí, en la obra, nos pilla siempre de sorpresa. Ya está aquí. Es la navidad. Bueno, exactamente, ninguno de los tres sabemos cuándo empieza, si cuando lo dice el corte inglés o cuando lo cantan los niños de San Ildefonso. A Fery, como le encanta poner villancicos, siempre le cae bien. Doc es otra cosa. A él estas pantomimas culturales, que acaban siendo comerciales, le inspiran cualquier cosa menos buenas sensaciones. Dice que son cosas de este rebaño de ovejas obedientes y que prefiere seguir siendo un lobo también en estas fechas. El caso es que ha llegado otra vez.
Es maravilloso, los buenos sentimientos que despierta la cosa esta de la navidad, estos días, claro. Todo el año en este plan sería excesivo. Porque no se puede desear paz y amor, todo el año, a tanto indeseable como anda por el mundo. Yo no podría. Y no me refiero a todos esos cabrones que nos quedan lejos, en otras esferas, porque, a esos, ni ahora se lo deseo. No. Me refiero a los que sufrimos a diario.
A ver, cómo se le puede desear salud y suerte al conductor del autobús que se larga cuando te ve venir corriendo. Al vecino que aparca su coche, cada día, pegadito al mío, tan pegadito que no puedo entrar. A la secretaria esa que colocan de cortafuegos para que no puedas llegar al señor director. Al cerdo que orina en el portal cada viernes. A la verdulera que cacarea a los cuatro vientos chismorreos inventados para consolarse de su miserable existencia. Al lameculos que trabaja contigo. A la telefonista del seguro que te deja en espera y luego te corta una y otra vez sin solucionarte nada. A ese jefecillo que te habla con suficiencia y altanería, para que aprendas algo en la vida tú que no heredaste el negocio de tu padre. Al que redacta, en el anonimato, esas cartas de amenaza para cuando te vencen los plazos. Al que arrancó el espejo retrovisor de tu coche. Al imbécil que se pasó cinco horas de autobús dándonos la matraca con su teléfono móvil. Al pesebrero que no aparece por el despacho que nosotros pagamos. A tantas y tantas ovejas mal educadas que, cada día, me hacen la navidad más estrambótica. A ver. ¿Cómo? Yo no podría. Todo el año, no.
Unos días sí. Unos días sin rencores, sin mala baba y con exquisitos modales, eso no le hace daño a nadie. La familia, la tuya y la otra, unida de nuevo al calor de la chimenea, los niños, esas cenas inacabables, los regalos, esas caras felices, esas muecas (¿viste la mueca de la lagarta esa?). Escucharlos de nuevo a tu alrededor y sentir que tampoco fue tan mala idea largarse a vivir a cinco mil quilómetros de ellos. Es maravilloso. Y todos los años.
Feliz Navidad lobos, y haya salud y suerte.
LA MATANZA FINAL
La matanza final. El exterminio. La hecatombe. El se jodió. Llámalo como quieras. Solo es cuestión de tiempo.
¿Por qué?
Porque las circunstancias así lo han posibilitado. Y cuando las circunstancias lo posibilitan, no sirve de nada andar dándole vueltas a cómo es que llegamos aquí. No toca y punto. Llora si quieres, es una opción. Tampoco hay vuelta atrás, que lo sepas.
Desde tiempos inmemoriales hay en este planeta sustancias, compuestos y materias que combinadas en cantidades concretas, y manipuladas de una determinada manera, serían capaces de provocar una explosión lo bastante grande para hacer desaparecer el mundo, este por el que andamos, tal y como lo conocemos. De todas las especies que pueblan el planeta, ha tenido que ser precisamente el hombre el que ha conseguido estos conocimientos que tanto nos asustan. Si hubieran sido las iguanas, nosotros estaríamos aquí hablando de los diferentes tipos de plátanos. Ha tenido que ser precisamente el hombre. Es para echarse a temblar. El final es seguro, hijos. Solo es cuestión de tiempo.
¿Cuánto?
Pues según se mire. Mejor dicho, según se mida. ¿Lo medimos desde el punto de vista humano, planetario o universal?
Desde el punto de vista humano siempre queda tiempo. Esa es nuestra filosofía. Ya lo arreglaremos como sea. Se tomarán las medidas necesarias. Estamos capacitados para hacer frente a cualquier contingencia. Podemos superar las adversidades, aunque las provoquemos nosotros mismos. Es la grandeza de esta especie y bla, bla, bla que te bla.
Desde la perspectiva del planeta ya sabemos que, aunque no tiene prisa ni la ha tenido nunca, está en nuestro mismo barco. Mal asunto.
Desde la perspectiva del universo, toda nuestra historia es menos que un fugaz instante. Y dentro de esta historia, este tiempo de tecnología que nos traemos y que nos ha llevado a las circunstancias arriba dichas, es poco menos que nada. O sea, que visto así, la matanza final, la hecatombe, el se jodió, es YA. Hoy por la tarde.
MARUJA. ANIMAL EXTINGUIDO
Desde tiempos remotos es visible y manifiesto el desprecio y villanía con que el hombre ha tratado y sometido a la que le da la vida, la mujer. Hay libros, bien gordos y sagrados, que vienen a demostrarlo. Por entonces era cosa masculina y varonil. Hoy, en este occidente de progreso, libertad y bien estar, el desprecio y la villanía son aún mayores, que ya no solo es el hombre quien los practica. Ahora también lo practican las mujeres. Y cada día es mayor el número de ellas que, con actos y palabras y haciendo suyas la falta de miras y mala baba del hombre, avergonzadas de su condición verdadera y de la de su propia madre, abogan por igualarse en estupidez y soberbia con el hombre que las desprecia, y así, por mimetismo simiesco, luchan por igualarse con el hombre empuñando la espada y se convierten en esclavas del ansia de oro y poder que el hombre alimenta, adoptando para sí conductas y pensamientos que predican el desprecio por la que, por diferente, no les sigue la pantomima. El desprecio por las que no defienden su mezquino concepto de igualdad.
La igualdad solo conviene al rebaño, obedece al miedo, y la sumisión, y es condición que se consigue por defecto, rebajando el nivel de la que, por natural designio, aloja en su ser el incomparable y divino privilegio de engendrar y el incontestable derecho a luchar por ser diferente. A luchar también, si así lo quiere, por ser una maruja.
¿Qué era una maruja?
Nunca llegó a mis oídos definición verdadera que yo pueda repetir aquí, si acaso alguna opinión con más o menos gracejo, y con no poco vilipendio, hacia figura tan principal. Por eso voy yo a escribir aquí lo que otros se callaron, lo que interesa saber a los que, por carecer de claras entendederas, olvidaron que mamando de sus pechos y al calor de sus bondades tuvieron madre y criada y una vida de relajo. Que no les bastarían tres vidas para pagar lo que deben a la que en tan poca estima tienen. Así escribo.
Madre ejemplar, como lo son todas por ser despreciable la excepción si la hubiera, tanto en su cantidad como en su calidad. También como esposas por ejemplares hemos de aceptarlas, pues nada en contra salió nunca de boca de sus maridos.
Mujer convertida en maruja, en el mejor de los sentidos que al término se le pueda dar, de las que despreciando el mundo de ostentación, pompa y lujo que esta sociedad persigue, caminan de manera firme y constante por la vida, aplicando su filosofía de lo diario y cotidiano a todos aquellos problemas, sean del cuerpo o del alma, que la existencia gratuitamente aporta.
Acostumbran las marujas, no sé si por propia voluntad o por entrañable inclinación de quienes las rodean, a eliminar, cambiar y permutar las letras del nombre con que fueron bautizadas, transformándolos así en otros más cómodos y manejables, de más musicalidad, cuya terminación ha de ser, siempre que se pueda, la letra “i” o aquella que fonéticamente más se le parezca y colocándoles el articulo “la” como principio ineludible, añadiendo con ello otra nota musical al asunto. De esta forma, nombres como La Toñi, La Pepi, La Pili o La Juani, abundan y se repiten entre las marujas, quedando fuera de lugar aquellos que por su estructura, o por arrogancia y altanería de quien los disfruta, no han evolucionado. Sirva de ejemplo el siguiente; Doña Bernarda. Nombre a todas luces impropio para identificar con él a quien por maruja se tenga. Ejemplo este poco afortunado, ciertamente, por ser de todos conocidos los chistes y guasas que al coño de esta señora hacen alusión. Nadie relacionaría, sin embargo, tales guasas con la versión marujil del nombre, algo así como La Berni.
De forma vertiginosa avanza esta civilización nuestra, tecnológicamente avanzada, con los ojos puestos en otros mundos, hurgando descaradamente en los entresijos que gobiernan la vida y la muerte. Todo un elenco de celebridades, grandes hombres y mujeres abriendo caminos, ampliando horizontes para toda una especie. Astronautas que pasean alegremente sobre la luna. Científicos que pueden leer el libro cifrado de la genética, como si fuera el cuento de los tres cerditos. Cirujanos que cambian un corazón por otro, como quien cambia la pila de una linterna. Ingenieros que cualquier día conseguirán que la tierra gire en dirección contraria. A diario vemos a estos personajes dando conferencias, concediendo entrevistas, hablando en televisión, llevando a cabo empresas y tareas sin pausa ni descanso, en cuerpo y alma entregados a lo que llaman progreso. Con vida tan frenética y ocupada resulta realmente curioso observar, que sus ropas están siempre limpias e impecablemente planchadas, sus hijos atendidos y felices, su casa limpia y ventilada, y así pueden dedicarse a sus importantísimas tonterías mientras alguien hace el verdadero trabajo.
Jamás se le ocurriría a La Toñi largarse a pisar satélites por el espacio sin antes sacar la ropa de la lavadora, secarla, plancharla y colocarla. ¡Jamás! Meterse en un laboratorio a mezclar potingues con una impersonal y vulgar bata blanca, habiéndolas en el mercado de llamativos y vistosos estampados, a juego con zapatillas y pañuelos, es conducta carente de ingenio en la que se echa en falta el talento y la iniciativa que una maruja aportaría. Operar a un semejante a corazón abierto, sin antes haberle cantado aquello de “sana pupa sana, con unto de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana.”Sólo puede ser obra de un atolondrado cirujano, no de una dulce maruja. Tampoco experimentar con máquinas y combustibles que todo lo ensucian sin tomar precauciones, extender periódicos por el perímetro, abrir ventanas y aplicar aquello de vale más prevenir que fregar, sería propio de marujas. Cualquier empresa realizan las marujas, dando gran importancia a las formas y los medios, sin que el fin los justifique, lo que hace que sea su conducta la más provechosa y conveniente para el buen vivir de la especie.
Gordas unas, flacas otras, hace tiempo que dejaron de colaborar con sus dineros al enriquecimiento de avarientas multinacionales, de las que prometen salud y belleza si te tragas los venenos que fabrican, o te embadurnan el cuerpo con repugnantes fluidos que solo Dios sabe de dónde vienen. Hace tiempo que las modas y tendencias que gobiernan a los imbéciles no significan nada para ellas. Hace tiempo que resuelven a diario, con humildad y modestia ejemplares, problemas y cuestiones ante las que economistas, ingenieros y científicos fracasan estrepitosamente.
De todas las ideologías y temperamentos hay marujas sobre la tierra y en todo aquello que hacen ponen el corazón. Se entregan con igual pasión y celo a todo tipo de actividades. Planchar camisas que impecablemente ha de lucir su oficinista marido. Convertir ropas de trabajo en prendas de pasarela para albañiles fashion. Organizar y combinar los vestuarios de padre, hijos y abuelos. Cocinar y alimentar de forma correcta y nutritiva a tres, cinco o siete personas, siempre con un presupuesto tres, cinco o siete puntos por debajo de lo necesario. Atender, cuidar y sanar todo tipo de dolencias y enfermedades sean o no contagiosas. Reciclar, aprovechar y alargar la vida de todo tipo de enseres y materias que otros han de heredar si los hubiere y si no, en solidaria donación han de ayudar a quien menos tiene, porque antes de que la solidaridad para con otros fuese oficial y programada, con todo tipo de redentoras organizaciones y entidades, ya las marujas la practicaban de forma propia y natural, sin pompa ni boato. Es guía, rastreador y adalid cuándo de viajar se trata, resuelve encrucijadas, advierte peligros, organiza, soluciona, coloca, zanja y decide como el mejor de los caudillos. Es soporte imprescindible cuándo la desgracia o el infortunio golpean a los suyos, aportando la dedicación y constancia imprescindibles para mantener viva la esperanza, como solo una maruja puede hacer.
Modista, diseñadora, cocinera, enfermera, economista, gerente, misionera, maestra, consejera, sicóloga. Todas estas y muchas más son las funciones que con esmero y humildad desarrolla cualquiera que por maruja se tenga y, aunque parezca imposible, todavía encuentran hueco en su apretada agenda para asistir a innumerables cursos de manualidades, visitar semanalmente el gimnasio, realizar saludables caminatas, organizar cumpleaños, teñir el pelo a La Juani, ponerse al día en el apasionante mundo del chisme, la habladuría y el cotilleo mientras se toma un café con leche en compañía de las de su igual y, si la maruja en cuestión se desenvuelve en ambiente rural, además de lo ya dicho, planta lechugas, tomates, pimientos, zanahorias y todo tipo de plantas y flores de jardín, cría gallinas, pavos y, en ocasiones, animales de mayor envergadura y peligrosidad. Nada hay que una maruja no pueda llevar a término, nada.
Mientras, la humanidad alaba y glorifica a sus dirigentes, engrandece y elogia a sus estudiosos, adora y pone alfombras a los pies de ídolos soñados. Y todos ellos, ídolos, estudiosos y dirigentes no son otra cosa que ruido y parafernalia, comparsa de inútiles, caterva de codiciosos que nada significan ante el señorío y la sufrida presencia de una humilde “MARUJA”
Haya, para todos, salud y suerte.
EL CONTABLE
EL CONTABLE. CAPÍTULO UNO.
Folio segundo
Yo era bien pequeño cuando Marina tuvo “el asunto”. Así era como le llamaban todos a Urbano cuando todavía no había nacido. Yo no soy familia de Marina, ni tengo con ella otra cosa que haber vivido en el mismo pueblo. Ni siquiera soy nacido en él, que yo era por entonces un nómada obligado. Yo viví en aquel pueblo como viví en otros muchos, porque mi padre se mudaba y nos mudaba a todos con él. Y yo cambiaba de escuela, tardaba mucho en hacer amigos nuevos, por eso me fijaba más en lo que decían los mayores, para impresionar después a otros niños con lo mucho que yo sabía de las cosas de los mayores.
Por eso cuento lo que escuchaba, sin entender muchas veces lo que querían decir, ni por qué se reían de cosas que a mí no me parecían nada graciosas. El caso es que durante una temporada, fuera dónde fuera, siempre salía la misma conversación, “el asunto” de Marina.
La señora Perpetua dijo por aquel entonces que Marina estaba triste y que si no se espabilaba, el niño le saldría mermado. Bueno, ella dijo mermao, pero a mí me había dicho el maestro que eso estaba mal dicho y que había que escribirlo incrustando la de, porque dos vocales juntas siempre traen problemas, siempre. Nunca sabes si hay que poner acento, ni cuál de ellas se lo lleva. Urbano, como decía la señora Perpetua, salió mermado, o sea, menudito y esmirriado, porque Marina estaba triste y “acambonada”. Yo sé que esta palabra no está en el diccionario, pero la señora Perpetua la dijo. Porque la señora Perpetua, igual que muchas personas de la comarca, decía palabras y más palabras que no estaban en el diccionario, pero tenían significado, como las que sí están. Significa acobardada.
La señora Perpetua era un bulto de ropa negra. La señora Perpetua no se vestía, se envolvía. Del cuerpo solo se le podía ver aquella cara arrugada como una manzana reineta, y dos ojos escondidos. Solo le quedaba un diente y siempre estaba fuera de la boca, como si también él quisiera marcharse como habían hecho los demás. Pero la señora Perpetua era la enciclopedia del pueblo. Lo sabía todo. El tiempo, las enfermedades de los hombres y de las bestias, los remedios, las recetas de cocina y todo lo que le preguntaban los vecinos. Todo menos el nombre del que le había preparado “el asunto” a Marina. La señora Perpetua fue la culpable de que Marina le pusiera al niño el nombre de su difunto marido, Urbano.
HABLA EL PRESIDENTE
Queridas ovejas:
No. Ovejas, no
Queridos burros:
Vaya. No, tampoco, no.
Estimados ciudadanos:
Es hora de hablaros con franqueza, de decir la verdad. No puedo negaros que atravesáis tiempos difíciles. Circunstancias económicas desfavorables que complican vuestro normal discurrir por la senda del progreso. Vivís momentos de incertidumbre financiera. Una situación de inestabilidad que amenaza los avances en política social y vuestro afán de lograr una sociedad más justa e igualitaria.
Sin embargo, estas circunstancias adversas no han de causaros el desaliento, si no, muy al contrario, han de serviros como acicate. Han de serviros para, ahora más que nunca, unir vuestras fuerzas y acometer las medidas oportunas que nos ayuden, a todos, a salir con gallardía de la actual situación.
Es evidente que será necesario, por vuestra parte, hacer grandes sacrificios. Quiero deciros que no estaréis solos en esta empresa. Nosotros, el gobierno e instituciones, aportaremos el trabajo ímprobo y la abnegación que nos caracteriza cuando de servirnos del pueblo se trata. (Se me escapa la risa) Lucharemos sin desfallecer para permanecer en el lugar de privilegio que ocupamos, al margen de la situación, y tomaremos las medidas que sean necesarias para conseguirlo.
Expongo a continuación algunas medidas que desde el gobierno, de manera solidaria con el que es nuestro pueblo y razón, se pondrán en funcionamiento para reducir el gasto:
1ª- Se incrementará, de la forma que fuere, por las buenas o por las malas, la recaudación en concepto de pagos, cuotas y multas. No importa del tipo que sean. Se multará y cobrará sin piedad ni miramiento. Por el coche viejo, por la velocidad, por el cinto, por las luces, por la ITV, por el teléfono, por dejar la bici en cualquier sitio, por fumar, por coger setas, por orinar, por cruzar la calle, por hacer barbacoas, por llevar perro, por no multar también se multará y por todo aquello que pueda ser susceptible de ser sancionado. Se prestará especial atención a toda aquella conducta, actitud, o idea que pudiera servirnos de disculpa, por peregrina y retrógrada que esta sea, para tratar al ciudadano normal y corriente como al habitual delincuente y sacarle así hasta la manteca de las entrañas.
2ª- Se reducirán los gastos y costes que este gobierno soporta para con los ciudadanos que menos tienen, de la forma y manera que sea. Se eliminarán las ayudas a desempleados. Se reducirán costes sanitarios, se aplicará menos anestesia, se utilizará una cama para cada dos enfermos y una enfermera por planta, Se bajarán los sueldos. Se reducirán plantillas. Se ampliará la edad de jubilación para que sigan produciendo y cotizando hasta que la funeraria venga a buscarlos. Se suspenderá cualquier obra que responda a las necesidades de los ciudadanos para poder soportar aquellas que apuntan hacia el servicio y la comodidad de altos cargos y vividores varios.
Quedan exentas de estas sanciones y recortes:
1-El número desmedido de diputados, consejeros, presidentes, vicepresidentes, adjuntos, secretarios, asistentes y moscas de la mierda que pululan por nuestras instituciones.
2- Las jubilaciones, sueldos y dietas de altos cargos, banqueros, políticos y adláteres.
3-Los gastos faraónicos de las administraciones e instituciones, medievales, que soportamos.
Desde el gobierno de la nación, con una crisis como la que estáis soportando por culpa de especuladores financieros y avaros, no queremos que el pueblo alimente la esperanza de que sus gobernantes y la clase social más alta e indecente de este país de vividores y filibusteros, vayan a colaborar en el sacrificio ni a perder un ápice de su condición.
Como vuestro presidente que soy, os he hablado con franqueza. El que no esté a gusto, ya sabe dónde está la frontera.
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